Comprensión mutua intercultural para el desarrollo sostenible: ¿qué marco internacional tenemos?

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Lázaro I. Rodríguez Oliva

En los últimos tiempos, las noticias sobre hechos violentos parecen ir en aumento. Diversas escalas de conflictos interpersonales, comunitarias, locales, regionales, nacionales e internacionales urgen la atención específica a los conflictos como procesos, muchos de los cuales se disfrazan o determinan por alguna expresión cultural, asociada con la política, la religión, la economía, la sexualidad, la ideología, entre otros. La definición de estos conflictos y su transformación en cultura de paz es una determinante para el logro del desarrollo sostenible, y de las metas de la Agenda 2030.

Estamos apenas en los primeros años de que se haya declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Decenio Internacional de Acercamiento de las Culturas (2013-2022). Un marco político y financiero para la atención de la diversidad cultural, la comprensión de las tensiones que les son inherentes y su atención para la comprensión mutua. Recién está disponible en español la Hoja de Ruta del Decenio. Se trata de un documento donde se establecer las prioridades de la SECCIÓN DEL DIÁLOGO INTERCULTURAL de la División de Transformaciones Sociales y Diálogo Intercultural, del Sector de Ciencias Sociales y Humanas de UNESCO en este tema, como organismo multilateral rector del Decenio. En este post, comentaremos algunos desafíos de esta Hoja de Ruta, desde la perspectiva de las políticas culturales.

El camino a seguir

El Decenio contempla, según el documento:

> un mundo sin miedo ni violencia, que respete las libertades fundamentales de todos sus ciudadanos sin distinción y que ofrezca un acceso equitativo y universal a las oportunidades que promete.

> un entorno de instituciones, estructuras y mecanismos más sólidos que fomenten la paz, para permitir desarrollar el potencial humano.

> unas sociedades y comunidades en las que la riqueza y el potencial de la diversidad cultural se comprendan y se reconozcan mejor por su vital contribución para mejorar y conformar los resultados en materia de desarrollo.

> unos individuos que cuenten con las competencias e instrumentos necesarios para actuar en un mundo diverso y en continuo cambio y que se guíen por valores humanos compartidos a al vivir y trabajar juntos como custodios de un mismo planeta.

Algunos de los aspectos clave de este documento se alistan a continuación:

Comprensión de la complejidad del escenario actual:

  • “Ciclos recurrentes de estancamiento y conflicto socavan la gobernanza y la legislación a nivel internacional, nacional y local evitando la paz y el desarrollo a largo plazo. La letanía de polarización de nuestras sociedades se de ne a menudo con arreglo a la ‘identidad’- religiosa, cultural, étnica o de otro tipo – y se manifiesta cada vez más en forma de prejuicios, intolerancia, racismo, xenofobia, discriminación, radicalización y violencia extrema”.  (UNESCO, 2016: 5).
  • “En el actual entorno marcado por fuertes y rápidas disensiones, la necesidad de una intervención y una respuesta oportunas también se ha convertido en una prioridad. La escalada de violencia ha demostrado claramente que las aspiraciones de pluralismo y tolerancia, así como la idea de construir una cultura de paz en nuestras sociedades, no han resultado su cientes, que los mecanismos existentes deben ser revisados y que el tratamiento de los dé cit de justicia social en el mundo se ha gestionado, en el mejor de los casos, de forma reticente” (UNESCO, 2016: 8).

Atención a la multidimensionalidad de los conflictos y su necesidad de atención interseccional:

  • “Con frecuencia, los retos son multidimensionales y están relacionados entre sí, y sus impactos traspasan las fronteras convencionales revelando, de esta forma, una enorme vulnerabilidad a nivel mundial y la consiguiente necesidad de una respuesta global” (UNESCO, 2016: 5).
  • “Permitirá a las generaciones presentes y futuras una mejor preparación gracias a los conocimientos, competencias, habilidades e instrumentos necesarios para intercambiar, comunicarse y cooperar a través de las fronteras culturales, religiosas y nacionales como ciudadanos del mundo responsables” (UNESCO, 2016: 11).

El enfoque de derechos humanos en la promoción del diálogo intercultural:  

  • “El diálogo intercultural denota un proceso abierto de intercambio y respeto entre individuos y grupos con culturas, puntos de vista y aspiraciones diferentes. De esta forma, el respeto y el ejercicio y disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales no son solo avances clave para el diálogo, sino que también son esenciales para su proceso” (UNESCO, 2016: 5).
  • “La consecución de un verdadero acercamiento de las culturas debe surgir y nutrirse de una cultura de paz y de no violencia y mantenerse gracias a los derechos humanos y a valores universales como la apertura de miras, el respeto, la tolerancia, la voluntad de dialogar y la capacidad para solucionar con ictos de forma pacífica y reconociendo la opinión de los demás” (UNESCO, 2016: 10).

Algunos desafíos

A nivel estratégico se focalizan cinco niveles de actuación, para los cuales se han identificado algunos desafíos:

>INVENTARIO:

UNESCO se propone realizar un “Inventario actualizado de las investigaciones y prácticas más recientes en materia de diálogo intercultural para promover la formulación de políticas y brindar la base de las actividades futuras”. El estallido de nuevas violencias que se suman a las históricamente instaladas en la sociedad, exige de las Naciones Unidas, y de UNESCO en particular, un mayor protagonismo en el tema de los conflictos sociales, su dimensión intercultural y las herramientas necesarias para atenderlos y transformarlos en procesos de comprensión mutua y diálogo para el desarrollo sostenible. A tal efecto, un desafío importante es ampliar los referentes sobre interculturalidad (más allá de lo étnico o racial) e incorporar otras formas de violencia intercultural entre géneros, edades, elecciones sexuales, religiosas, entre otras. Es imprescindible el mapeo de las formas locales específicas. Ello permitirá identificar un repertorio más amplio de acciones a favor de la negociación y el empoderamiento de grupos sociales excluidos.

>INVESTIGACIÓN:

Para este nivel, UNESCO se plantea la “realización de investigaciones innovadoras en colaboración con instituciones académicas para definir con precisión las cuestiones fundamentales relacionadas con el Decenio”. La experiencia de MOST, el programa de incidencia en las políticas públicas que tienen la función de acompañar con criterios científicos las transformaciones sociales, es una buena práctica a potenciar durante el Decenio. Es fundamental que las universidades, los centros de investigación y las redes, contribuyan a sostener una agenda de temas relevantes y cruciales para la toma de decisiones.

>CREACIÓN DE CAPACIDADES E INTERCAMBIO DE CONOCIMIENTOS:

El planteamiento de la “creación de una plataforma virtual mundial que promueva el desarrollo de aptitudes en respuesta a las tendencias mundiales” es otro nivel de actuación del Decenio. Existe una diversidad de formatos para el desarrollo de competencias interculturales que son la base del diálogo intercultural. Lograr poner a disposición herramientas de traducción de estas acciones es fundamental para que el discurso sobre el diálogo no se exprese solamente en inglés, tomando en cuenta que es en este idioma que se hegemoniza la producción de conocimientos científicos. Esta sugerencia debe tomar en cuenta, particularmente todo el trabajo que UNESCO viene desarrollando sobre educación intercultural bilingüe y en la promoción de la diversidad lingüística.

>PROMOCIÓN:

Con respecto a la “utilización de las actividades de sensibilización y las comunicaciones para movilizar la participación, estimular el diálogo y ampliar el alcance”, las redes sociales son fundamentales. Es imprescindible superar la retórica política y tecnocrática del discurso de la cooperación y promover el desarrollo de contenidos comunicativos con enfoque intercultural que se base en los códigos de la vida cotidiana, y de esta forma, que logre llegar a actores clave, sobre todo, a aquellos que están involucrado en tensiones sociales y conflictos interculturales.

>COORDINACIÓN:

Para la realización de las acciones anteriores será fundamental la “creación de una vasta red mundial para poner en práctica el Decenio y promover una participación más inclusiva”. El rol de UNESCO en el Sistema de Naciones Unidas, y la autoridad que ha acumulado en sus 70 años con las autoridades y contrapartes locales de los sectores que atiende son imprescindibles para renovar las alianzas y generar estructuras sostenibles que no dupliquen las acciones de otras agencias u actores políticos.

En la Hoja de Ruta, salvo la mención a la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) (UNESCO, 2016: 23), no existe otra referencia a alianzas estratégicas en América latina y el Caribe, muy a pesar de las múltiples instancias de cooperación regional como CELAC, UNASUR, CARICOM, SICA, OEA, MERCOSUR, la Alianza del Pacífico, entre otros.

Un enfoque intercultural en las políticas públicas, y en la cooperación internacional para el desarrollo sostenible deberá lograrse en los años que restan y así lograr que en un Decenio que apuesta por la “aproximación de las culturas”, sean las personas, en tanto portadoras y transformadoras de expresiones culturales quienes concreten, en la realidad de sus vidas cotidianas, el interés por los otros diferentes, la comprensión de los derechos humanos como la contención de las iras, los odios, los desprecios aprendidos, y la necesidad de fomentar la colaboración intercultural como una condición sine qua non del desarrollo sostenible.

Livinston Manor, Upstate New York, 2 de agosto, 2016.

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Alineaciones del sector cultura al desarrollo sostenible: UNESCO y la Agenda 2030 en América latina y el Caribe

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Mural, en una calle de Tegucigalpa, 2015

Lázaro I. Rodríguez Oliva

Acaba de ser presentado, en español e inglés, el Plan de Trabajo de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO. Según el documento, se incluyen las acciones a ser implementadas en la región entre 2016 y 2021. Desde Transformatorio Cultural para el Desarrollo, nos interesa darle seguimiento a este proceso de alineación de los sectores a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, considerando que no incluye de forma explícita medidas que responsabilicen al sector cultural, sin embargo, sí abre el marco para un debate más profundo de cuáles son las dimensiones sustantivas y contribuciones efectivas de la cultura en el desarrollo sostenible. Y aquí radica la oportunidad.

Lo interesante de este Plan es su alineación con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aunque, que a pesar de ser publicada en 2016, en algunas partes del documento sigue referida como ODS 2015. Se especifica que “El plan se centra en contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados por la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en septiembre del 2015, mediante la implementación del Programa de Cultura aprobado por la Conferencia General de la UNESCO” (UNESCO, 2016: 1).

Además de las conocidas referencias al concepto de cultura de la Conferencia de Políticas Culturales de México (1982) y de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, 2001, es interesante cómo concretas los modos en que la cultura es algo más allá de las artes o los sectores culturales conocidos:

“la cultura es un medio de transmisión de conocimiento y el producto resultante de ese conocimiento, tanto pasado como presente. Es un elemento facilitador e impulsor del desarrollo sostenible, la paz y el progreso económico. En su forma multifacética, aúna a las sociedades y las naciones. Son éstas las que reconocen el valor excepcional de su patrimonio construido y natural; las comunidades manifiestan la importancia de sus usos, representaciones, técnicas y conocimientos para afianzar el sentimiento de identidad y continuidad; y a través de las industrias creativas y culturales las mujeres y los hombres, especialmente los más jóvenes, se incorporan al mercado laboral, impulsan el desarrollo local y alientan la innovación” (UNESCO, 2016: 1).

Esta perspectiva debe permitir romper los estancos que existen, incluso al interior de UNESCO entre subsectores de educación, ciencia y cultura, y enfocarse a resultados que no se logran sin la articulación de recursos y capacidades de diversos sectores. Es interesante cómo también recae en el “idealismo” del lado positivo de la cultura, considerando que la violencia, las disputas por los símbolos nacionales, la lucha por la diversidad cultural más allá de las identidades nacionales prefabricadas, etcétera, son expresiones culturales. También sigue siendo paradójica la referencia a las industrias culturales y creativas, que pierden de vista a los emprededores y sus economías de la precariedad y riesgo, sobre todo en los espacios locales.

UNESCO está presentando un plan de trabajo para el sector cultura que responde a dos prioridades institucionales:

  • (1) “proteger, conservar, promover y transmitir la cultura, el patrimonio y la historia en favor del diálogo y el desarrollo, y engloba la aplicación efectiva de la Convención de 1954 y sus dos protocolos de 1954 y 1999 (conflictos armados y patrimonio), la Convención de 1970 (lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales), la Convención de 1972 (patrimonio mundial), la Convención de 2001 (patrimonio subacuático) y el proyecto de La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad y patrimonio, la Historia General de África y el Programa de Historias Generales y Regionales
  • (2) apoyar y promover la diversidad de las expresiones culturales, la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial y el desarrollo de industrias culturales y creativas mediante la aplica- ción efectiva de las Convenciones de 2003 (patrimonio inmate- rial) y la de 2005 (industrias creativas y culturales)”.

El documento que hoy se publica es un ejercicio de implementación -con metas e idnciadores- de estas prioridades en la realidad de los 33 países de América latina y el Caribe. Según consta en el documento: “El Plan se basa en las prioridades de intervención identificadas en el Plan de Acción de la CELAC, la Declaración de La Habana y las declaraciones especiales temáticas, en particular la dedicada a la cultura como promotora del desarrollo, aprobadas en La Habana, Cuba, el 29 de enero de 2014 en ocasión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños”

Tomando en cuenta lo anterior se han establecido cuatro prioridades que deben atenderse en la formulación de la cooperación cultural para el desarrollo sostenible.

  1. Desarrollo de políticas y legislación nacionales.

Reforzar las políticas y los programas nacionales para garantizar la protección y la promoción del patrimonio y de sus sistemas heredados de valores y expresiones culturales, como parte del acervo común, dándole al mismo tiempo un papel central en la vida de las sociedades. Ello debería lograrse por medio de su plena integración en el sector del desarrollo (Declaración de Hangzhou, 2013). Las políticas y programas nacionales deben reflejar las provisiones de los instrumentos normativos ratificados por los Estados de la región.

NOTA AL PIE: Un punto polémico de esta área, tal como está planteada, y en términos de desarrollo sostenible que se basa en el enfoque de derechos, es cómo hacer con sistemas heredados de valores y expresiones culturales que forman parte de los patrimonios nacionales, incluso en muchas de las prácticas de nuestros pueblos indígenas y afrodescendientes, y del patrimonio cultural inmaterial, pero que “expresan” asimetrías sociales y exclusiones históricas, por ejemplo, en relación con la mujer, los homosexuales, niños y jóvenes, entre otros

  1. Fortalecimiento de capacidades.

Fortalecer y utilizar las capacidades nacionales para proteger, salvaguardar y gestionar de manera sostenible y responsable el patrimonio y la diversidad de expresiones culturales (…)

NOTA AL PIE:

Es interesante que, a pesar de que el fortalecimiento de capacidades siga teniendo un referente nacional, incluso en un espacio regional. Esto, a pesar de que fue mencionado en el Plan su referencia como marco nacional y regional. Es importante un reenfoque del desarrollo de capacidades que atienda la complejidad de la transversalización en tiempos del desarrollo sostenible. ¿Qué forma tendrán las políticas culturales “nacionales”? ¿Quién debe diseñarlas, implementarlas, y evaluarlas? ¿Qué institucionalidad es requerida?

  1. Investigación y sensibilización

Fomentar estudios científicos, técnicos y artísticos, metodologías de investigación para la protección, conservación, salvaguardia y gestión eficaz del patrimonio y la diversidad de expresiones culturales, así como desarrollar y aplicar indicadores sobre el impacto de la cultura en el desarrollo social y económico de las sociedades. Difundir buenas prácticas y sensibilizar para la puesta en valor de la cultura.

NOTA AL PIE: Por suerte se superan las perspectivas “rescatistas” del patrimonio y la identidad y se avanza a un concepto de protección, conservación, salvaguardia y gestión eficaz del patrimonio y la diversidad de expresiones culturales. Es un llamado a hacer algo con esas expresiones culturales, que, dado el marco de la Agenda 2030 deben servir para garantizar derechos humanos a través de estos recursos culturales. Para Transformatorio es particularmente interesante esta área estratégica porque llama a construir los indicadores de cultura para el desarrollo que serán referencia en la aplicación de la Agenda 2030 para/desde la cultura.

  1. Mecanismos de cooperación.

Fomentar y desarrollar mecanismos de cooperación internacional para compartir el conocimiento y la información; facilitar el intercambio tecnológico; utilizar y fortalecer redes e instituciones nacionales e internacionales ya existentes; y movilizar recursos humanos y financieros.

NOTA AL PIE: La Agenda 2030 se plantea una reactivación de la Alianza Global, donde tienen cabida no sólo los Estados nacionales y sus mecanismos, sino todos los actores interconectados globalmente desde lo local, incluso muchas veces al margen y a pesar de los Estados nacionales. Es una oportunidad para avanzar en nuevos modelos de cooperación cultural para el desarrollo que deben tener lógicas de los formatos conocidos. Para el sector cultura es imprescindible una evaluación de sus mecanismos, orientados por este nuevo referente intersectorial.

La publicación del Plan de Trabajo de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO debe asumirse como una oportunidad de entender el cómo el tradicional enfoque sectorial de cultura se va integrando en el resto de las políticas públicas y sectores sociales. El valor de esta alineación a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, a nuestro juicio, es justamente que permitirá un desarrollo en dos direcciones complementarias: por un lado permitirá a la cultura, como decía Martín Barbero “perder el objeto para ganar el proceso” y encontrar modos en que es un “facilitador” de otros procesos de desarrollo aparentemente alejado de los fines de las políticas culturales. Por otro, permitirá traer a la institucionalidad del sector cultura, todo el acervo tecnológico de la gestión para el desarrollo, con sus sistemas de evaluación de procesos, de transparencia y rendición de cuentas; de indicadores de resultados. Esperemos que este Plan no quede, como muchas agendas consensuadas y políticas aprobadas, en pura tinta y sirva para lograr lo que se propone.

 

 

 

Innovar para transformar: responsabilidad cultural, políticas públicas y desarrollo sostenible.

Pensamiento

Lázaro I. Rodríguez Oliva.

(Originalmente publicado en Sexenio, por invitación de la columnista Mayté Cordeiro)

En políticas culturales parecen identificarse dos debates recientes bien vivos: por una parte, a nivel internacional, la reciente adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible donde se invisibiliza de forma explícita el rol de la cultura en dichos procesos, al mismo tiempo que se deja un margen para que, con indicadores de gestión y mucha incidencia en espacios de decisión, se consiga sacar a la cultura de la función “ornamental” con la que mucha veces se la asocia en la política pública. El otro debate, nacional, mexicano, tiene que ver con el reciente anuncio de la futura creación de una Secretaría de Cultura, llegando, por fin, a una medida innovadora -en lo referente a que “cultura” no esté supeditada en estructura y presupuesto a educación, pero dejando una incógnita bien grande sobre su rumbo cierto.

Ambos debates, en principio, se refieren a cuestiones de administración, lo que respectivamente, tienen ideas específicas de cómo considerar (o no) la cuestión cultural. En el primer caso, cómo vendrán “prioritariamente etiquetados” los recursos internacionales y nacionales en los próximos quince años: 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas. Ninguno refiere explícitamente al sector cultura, aunque hay menciones a diversidad cultural, por ejemplo. Nunca se menciona las artes. En el segundo caso, el doméstico, la pugna parece estar, ante el anuncio de un Presupuesto Base Cero, y un régimen de recortes económicos del gigantesco aparato administrativo de la cultura, en cómo queda la nueva estructura, los fondos de que dispondrá, y creo, quizás, las prioridades en agendas y beneficiados de la casi en extinción CONACULTA.

Para ser optimista, creo que se está dando la posibilidad de pensar las políticas culturales más allá de la visión tradicional, de aprender a administrar el sector con “responsabilidad cultural”. El término de responsabilidad cultural fue incorporado en la Política Pública de El Salvador 2014-2014, para describir la gestión cultural de los recursos técnicos, humanos y financieros de los que dispone nuestra nuestra sociedad con metas de desarrollo humano sostenible. Reconocemos que hablar de responsabilidad cultural exige comprender que éste es un tema más amplio que de gestión, y se vuelve un asunto también de gobernanza. Muchas personas al referirse a las políticas culturales, ponen más énfasis en qué es y qué no es cultura -y toda la gama de calificaciones que esconden jerarquías: bellas artes, culturas populares, cultura de masas, que en la parte de política que tiene la política cultural. Es importante que las políticas culturales innoven de una vez, para atender no sólo los enormes desafíos del sector que se le vienen acumulando, sino también, la cuestión de qué rol juega en otras prioridades sociales del desarrollo. Retomaremos algunos aspectos de dicho documento, para comprender que una transformación de las políticas culturales y su alcance va más allá de “re-etiquetados” y “rebautizos”.

La complejidad de la gestión cultural y sus implicaciones en los temas de derechos y desarrollo sostenible, exige de los gobiernos, los artistas y las artistas, los creadores y las creadoras, las instituciones, las empresas y otras instituciones, una acción coordinada corresponsable. No obstante, el Estado tiene responsabilidades específicas, en el marco de su función en la sociedad. La gestión de conocimientos es, por tanto, imprescindible para administrar este nuevo escenario de referentes comunes que constituyen los ODS.

En términos macropolíticos, identifico tres grandes áreas que debe atender una política pública de cultura “nacional” como parte de lo que identifico como su responsabilidad cultural: la soberanía cultural, la seguridad cultural y la sostenibilidad cultural.

Soberanía cultural

La soberanía cultural se concibe en términos generales como la autoridad suprema del poder público, y la política pública de cultura debe concebir la dimensión cultural de la soberanía como aquella que remite a las responsabilidades del Estado en la protección y promoción de la diversidad cultural del país como respuesta a los derechos culturales.

La complejidad de cualquier nación contemporánea, inserta en la globalización y atravesada por procesos internacionales, exige colocar la soberanía cultural como un campo de responsabilidad del Estado, en el entendido de gestionar cultura desde un concepto ampliado de soberanía que implicaría repensar procesos como la migración entre otros, los impactos para las expresiones culturales locales de las industrias culturales y creativas transnacionales, las condiciones en que se participa de los procesos globales, etcétera. Esta perspectiva aporta un concepto ampliado de soberanía relacionada con la diversidad cultural y no sólo una identidad de país.

Las recomendaciones de la Declaración de Hangzhou de la UNESCO (2013), un documento fundamental para la construcción de las políticas culturales con enfoque de desarrollo recomienda, permiten identificar el alcance de esta responsabilidad cultural. UNESCO sugiere integrar la cultura en todas las políticas y programas de desarrollo. Se prevé que la política cultural incluya “la dimensión cultural en las definiciones del desarrollo sostenible y del bienestar, así como en la concepción, la medición y la práctica concreta de las Políticas y los programas de desarrollo” (UNESCO, 2013: 3). También se plantean valorar, salvaguardar y transmitir la cultura a las generaciones futuras. Partiendo de la necesidad de garantizar la protección y promoción de la diversidad cultural, el Estado debería garantizar el ejercicio soberano de su cuidado, al promover medidas que apunten a revertir los efectos sobre las expresiones culturales del país de los “resultados de los efectos combinados de la urbanización, las presiones del desarrollo, la globalización, los conflictos y fenómenos asociados al cambio climático” (UNESCO, 2013: 5).

Seguridad cultural

Una política cultural innovadora debe incorporar dentro de las responsabilidades culturales del Estado y la sociedad, la cuestión de la seguridad. No sólo porque sea un tema social prioritario, sino en el entendido de que la seguridad es una parte sustantiva del desarrollo de los derechos culturales. No es nuevo el vínculo entre cultura y seguridad, pero éste se ha concebido sobre todo a partir de los impactos de las expresiones culturales en los entornos de inseguridad. Una política cultural innovadora aborda la seguridad cultural en dos dimensiones: por una parte, los roles de la gestión cultural en la garantía de la seguridad (en toda sus variantes: social, política, humana, económica, ciudadana, etcétera), y por otro, la dimensión de seguridad que implican los derechos culturales como especificidad de los derechos humanos.

Específicamente bajo perspectiva de seguridad cultural, y retomando las recomendaciones de la Declaración de Hangzhou, podrían incluirse acciones dirigidas a: garantizar derechos culturales para todos a fin de promover el desarrollo social incluyente, específicamente “garantizar los derechos culturales, el acceso a los bienes y servicios culturales, la libre participación en la vida cultural y la libertad de expresión artística” (UNESCO, 2013: 4). Ello significa que su sistema de gestión se debería basar en un enfoque basado en los derechos humanos y de manera más específica en derechos culturales y el respeto a la diversidad cultural, a través de un enfoque incluyente que toma en cuenta, de manera prioritaria a los jóvenes, el equilibrio entre los sexos, los pueblos indígenas y otras minorías. Dentro de este aspecto es fundamental tambien movilizar la cultura y el entendimiento mutuo para propiciar la paz y la reconciliación.

A través de una política cultural que atienda la seguridad cultural se refuerzan las capacidades y oportunidades para atender, de forma más responsable cuestiones relacionadas con la vulnerabilidad humana, sobre todo, aquella que alrededor del diálogo como forma de resolución de conflictos históricos que involucran expresiones culturales. En particular, el Estado se responsabiliza con la construcción de “sociedades más incluyentes, estables y resilientes”, como meta para gestionar los conflictos aún latentes, considerando con la UNESCO que en las zonas que han experimentado conflictos violentos se deberían promover la rehabilitación del patrimonio cultural y las actividades culturales para permitir que las comunidades afectadas renueven su identidad, recuperen el sentido de la dignidad y la normalidad, disfruten del lenguaje universal del arte y comiencen a curar las cicatrices de las guerras. También se debería integrar la consideración de los contextos culturales en las iniciativas de resolución de conflictos y los procesos de construcción de la paz” (UNESCO, 2013: 3). Otro aspecto fundamental es fortalecer la resiliencia a los desastres y combatir el cambio climático mediante la cultura.

Sostenibilidad cultural

La preocupación por el desarrollo sostenible implica a la gestión cultural, no solamente por lo que podríamos llamar las expresiones culturales del manejo de los recursos naturales, sino también los procesos que visibilizan al campo cultural como productor de sentidos, actividades, bienes y servicios culturales que implican recursos. La sostenibilidad debe ser planteada en varias dimensiones, entre ellas: la política (los discursos, procedimientos y prácticas que caracterizan el sector cultura); la social (los sujetos sociales involucrados); la de recursos (los requerimientos financieros, humanos o técnicos); así como la dimensión institucional (las estructuras que gestionan las expresiones culturales). La Declaración de Hangzhou (UNESCO, 2013), recomienda valerse de la cultura para reducir la pobreza e impulsar el desarrollo económico incluyente. Se reconoce y aprovecha teniendo en cuenta que “la cultura, como capital de conocimientos y como recurso, provee a las necesidades de los individuos y comunidades y reduce la pobreza” (UNESCO 2013: 4). También, basarse en la cultura para promover la sostenibilidad ambiental: así como Valerse de la cultura como recurso para lograr el desarrollo y la gestión sostenibles de las zonas urbanas. Sobre este enfoque ampliado de la sostenibilidad -no sólo limitada a los recursos financieros como muchas veces se cree, la Declaración de Hangzhou llama a aprovechar la cultura para favorecer modelos de cooperación innovadores y sostenibles.

Es una realidad el potencial inexplorado de la cooperación entre actores institucionales y sujetos sociales, para construir una plataforma sostenible de cooperación, que reconozca las buenas prácticas existentes y repiense aquéllas no exitosas, para construir modelos alternativos y sostenibles en la gestión de resultados de política cultural. Lo imprescindible que hay que considerar es que sin información, sin investigación comparada, y sobre todo sin participación de la mayor parte de las personas involucradas, será difícil gobernar los asuntos culturales como un motor y facilitador de cambios “transformatorios” para el bien común y la felicidad de las personas.

Las políticas culturales en los tiempos del desarrollo sostenible: algunas preguntas a la Agenda 2030.

Tendencias

Una vez más “problematizando el problema”, para encontrar caminos de soluciones. Hoy compartimos este artículo que plantea algunas cuestiones clave para comprender la invisibilidad del sector cultura en la Agenda 2030, y al mismo tiempo, la presencia de la dimensión cultural del desarrollo en cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenibles, contenidos en el proceso de consenso más grande logrado hasta ahora de cómo avanzar hacia el logro de la prosperidad, la mejora de la vida de las personas y la sostenibilidad del planeta. Sólo dando click en el siguiente enlace: Rodríguez-Preguntas a la Agenda 2030

¿Transformar nuestro mundo “sin” cultura?: apuntes generales sobre la visión de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible.

Tendencias

Mucho se ha hablado desde hace más de dos años, de la Agenda Post 2015 para el desarrollo. Hace tres días se logró el consenso para la adopción en Septiembre próximo, en las Naciones Unidas, del documento “finalizado para la adopción”, “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible[1], aún sólo disponible en inglés. Se trata de 17 con 169 metas de Objetivos de Desarrollo Sostenible. Según el documento, demuestran la escala y ambición de esta nueva “Agenda universal” (ONU, 2015: 2). Según se expone, tratan de construir nuevos desafíos sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio y completar lo que éstos no alcanzaron.

Desde Transformatorio Cultural para el Desarrollo estaremos tomando este documento como una referencia para reflexionar en esta y próximas entregas, sobre este momento histórico y las implicaciones de este proceso para las políticas culturales y sus resultados. No queremos apresurarnos en el proceso de identificar los temas culturales sólo porque hayan dicho la palabra cultura. Queremos tomarnos el tiempo de revisar, uno por uno e ir identificando el potencial de cultura en cada uno de ello. Por tanto, esta es una primera revisión, que plantea algunas cuestiones en español, sobre el tema. Es, hasta cierto punto, una traducción preliminar comentada de sus aspectos generales, como el alcance y la visión de esta estrategia global. Lo primero que habría que dejar claro es que esta es una Agenda muy amplia. Se define como un plan de acción “para” las personas, el planeta y la prosperidad”, lo cual todavía sigue siendo planteada en términos generalistas.

La cultura no ha sido tomada en cuenta de forma explícita en los términos sugeridos por organismos y organizaciones internacionales y expertos que, sobre todo desde una visión sectorial, remarcaron el rol de la cultura como motor y catalizador o facilitador del desarrollo. Este hecho, que ya abordamos en una anterior entrega, lejos de constituir un problema, creo que abre oportunidades inéditas para ampliar el alcance y la transversalidad de las políticas culturales y seguir avanzando en innovar sus discursos, procedimientos y prácticas intersectoriales y transversales. Hoy como nunca es necesario medir la contribución de la cultura y se abre un proceso también inédito para el campo cultural, aunque pudieran identificarse un conjunto de experiencias relevantes que tienen mucho que aportar a los tiempos que siguen.

¿Pobreza en la mira integral?: Al identificar que el reto global mayor y requerimiento indispensable para el desarrollo sostenible es la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, incluyendo la pobreza extrema (ONU, 2015: 2), cabe la necesidad de reforzar cuál es el rol que tiene la pobreza como condición cultural, esto es, no sólo referida al “acceso” a los bienes, servicios o actividades culturales, sino a todas las expresiones culturales que atentan contra el libre desarrollo de las capacidades y el acceso a las oportunidades de las personas para elegir el tipo de vida que desean, desde la perspectiva de derechos humanos. La cultura tiene un rol importante a ser tenido en cuenta en el tema de la vulnerabilidad humana y la resiliencia para salir de lo que la Agenda define como la “tiranía de la pobreza” (ONU, 2015: 2).

¿Nadie quedará atrás?: Uno de los puntos más polémicos es la mención a que “no one will be left behind” -nadie quedará atrás-, lo cual continúa siendo muy generalista para atender las particularidades de grupos vulnerables y excluidos. Igualmente, para deslindar esta generalidad de grupos sociales que generan exclusión con respecto a otros grupos, vulnerando sus derechos humanos atendiendo a razones ideológicas, religiosas, políticas, económicas y culturales.

Perspectivas y enfoques: Las Metas buscan la realización de los derechos humanos para todos y el logro de la equidad de género, así como el empoderamiento de las mujeres y las niñas. Según el documento, estos Objetivos y Metas están integrados y son indivisibles y muestran un equilibrio entre las tres dimensiones del desarrollo sostenible: la económica, la social y la medioambiental. No hay una referencia explícita a “la cultura como cuarto pilar” algo trabajado por la Agenda 21 entre otros actores internacionales, lo cual implicará para las políticas culturales el ejercicio de pensarse de forma transversal, aportando el potencial de un campo/sector cultura -que significa, a nuestro juicio una manera de gestionar o gobernar los recursos necesarios para el desarrollo de las expresiones culturales- a la lógica de cada una de estas 17 Metas.

Áreas destacadas: La Agenda se plantea 5 áreas prioritarias, donde estará centrada la acción:

  • La Gente: Específicamente se refiere a acabar con la pobreza y el hambre en todas sus formas y dimensiones y asegurar que todos los seres humanos puedan alcanzar su potencial digna y equitativamente y en un entorno saludable.
  • El Planeta: La Agenda deja clara la determinación de proteger el planeta de la degradación a través de una producción y consumo sostenibles, una gestión sostenible de sus recursos naturales y la acción urgente contra el cambio climático, de manera que se puedan atender las necesidad de las presentes y futuras generaciones.
  • La Prosperidad: Uno de los grandes retos de la Agenda es su “decisión” de asegurar que todos lo seres humanos puedan disfrutar de una vida próspera y satisfactoria y que el progreso económico, social y tecnológico se produzca en armonía con la naturaleza.
  • La Paz: El fomento de “sociedades pacíficas, justas e incluyentes” es otra de las decisiones de la Agenda. Se refieren a sociedades que estén libres de miedo y violencia partiendo del concepto de que no puede haber desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible.
  • La Asociación: Se expresa la determinación de movilizar los medios requeridos para implementar la Agenda a través de una Alianza Global para el Desarrollo Sostenible. Esta alianza estaría basada en el espíritu de fortalecer la solidaridad global, centrada en particular en las necesidades de los más pobres y vulnerables y en la participación de todos los países, todas las contrapartes interesadas y todas las personas.

Además de este preámbulo, se habla de una Declaración de los Jefes de Estado y de gobierno y Altos Representantes, que serán, en efecto, los signatarios del del 25 al 27 de Septiembre, en el marco del 70 aniversario de la ONU. Aquí se afirma que esta es una Agenda de un alcance y significación sin precedentes. Es aceptada por todos los países y aplicable a todos, tomando en consideración las diversas realidades, capacidades y nivlees de desarrollo, así como las prioridades y políticas nacionales.

La Visión de la Agenda

Se afirma que con estos objetivos y metas, se establece una visión sumamente ambiciosa y transformadora. Preven un mundo libre de pobreza, hambre, enfermedades y donde la vida pueda prosperar. Un mundo libre de miedo y violencia, con la alfabetización universal, acceso equitativo y universal a una educación de calidad a todos los niveles, a la atención sanitaria y protección social, con el aseguramiento de la atención sanitaria y la protección social. “Un mundo en el que reafirmamos nuestros compromisos con respecto al derecho humano al agua potable y al saneamiento y donde se mejora la higiene; y donde la comida es suficiente, segura, asequible y nutritiva. Un mundo donde los hábitats humanos son seguros, resistentes y sostenibles y donde hay un acceso universal a la energía asequible , fiable y sostenible” (ONU, 2015: 3).

En esta perspectiva, el lugar de la cultura es incuestionable si nos estamos planteando cambiar no sólo estructuras económicos, sociales, políticos que generan aún los problemas que se plantean resolver con esta Agenda. Está latente en cada una de las piezas que conforman este imaginario -aún- de buenas intenciones, una dimensión cultural que de forma directa o indirecta puede contribuir, no contribuir o entorpecer el proceso de su logro. Derechos culturales, alfabetización universal y digital, acceso equitativo a la cadena de valor de la cultura, potenciar la economía creativa en su escala micro, local, con perspectiva de potenciar la calidad de vida de las personas a través, por ejemplo, de la gastronomía, o el turismo, son algunos de los aspectos en los que la cultura puede contribuir a generar resiliencia, inclusión, progreso.

Otro punto importante de la Agenda es la previsión de un mundo donde se respetan de forma universal los derechos humanos y la dignidad humana, el Estado de Derecho, la justicia, la igualdad y la no discriminación; donde se respeta la raza, el origen étnico y la diversidad cultural. Un mundo de igualdad de oportunidades que permita la realización plena del potencial humano y que permita contribuir a la prosperidad compartida. Un mundo que invierte en sus hijos y en el que cada niño crece libre de violencia y exploración. Las mujeres y niñas que gozan de igualdad de género y se han eliminado todas las barreras legales, sociales y económicas para su empoderamiento. Se aboga por un mundo justo, equitativa, tolerante, abierto y socialmente inclusivo en el que se satisfagan las necesidades de los más vulnerables.

Tanto el sector cultura, como la sociedad en general deben trabajar para el reforzamiento de los derechos culturales como parte esencial e integral de los derechos humanos. La diversidad cultural es uno de los pocos aspectos calificados como prioritarios donde el sector tiene una experiencia única. Es imprescindible utilizar los instrumentos disponibles, como la Convención 2005 para la protección y promoción de la diversidad cultural, como otros que pueden generarse a partir de promover la transversalidad de otros disponibles, en UNESCO y otros organismos, por ejemplo.

La Agenda hacia el 2030 prevé también un mundo en el que cada país disfruta de un crecimiento sostenido, inclusivo y sostenible con trabajo decente para todos. Un mundo en el que son sostenibles los patrones de producción y consumo, así como el uso de los recursos naturales -desde el aire a la tierra, de los ríos, lagos y acuíferos a los mares y océanos. Un mundo en el que la democracia, el buen gobierno y el Estado de Derecho, así como un entorno propicio a nivel nacional e internacional, son esenciales para el desarrollo sostenible, el crecimiento económico sostenido e inclusivo, el desarrollo social, la protección del medio ambiente y la erradicación de la pobreza y el hambre. Un mundo en el que el desarrollo y la aplicación de la tecnología son sensibles al clima, la biodiversidad y la resiliencia. Un mundo en el que la humanidad vive en harmonía con la naturaleza y en el cual la vida silvestre y otras especies son protegidas.

Pensar la cultura, en el marco de los 17 Objetivos y 169 no será algo fácil para expertos, gestores culturales, servidores públicos, empresarios creativos, muchas veces acostumbrados a pensar la cultura en términos de sector. Insistimos desde Transformatorio cultural para el desarrollo, en que la Agenda 2030 será un nuevo software a ser utilizado en los equipos de cada cual, para los usos específicos que así lo requieran. Estamos, apenas, mirando el mapa del futuro camino a recorrer. Y en este artículo hemos revisado sólo, y de forma muy general, la visión de la Agenda 2030.

Ciudad de México, 4 de agosto, 2015.

[1] Transforming our world: The 2030 agenda for sustainable development.