¿Transformar nuestro mundo “sin” cultura?: apuntes generales sobre la visión de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible.

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Mucho se ha hablado desde hace más de dos años, de la Agenda Post 2015 para el desarrollo. Hace tres días se logró el consenso para la adopción en Septiembre próximo, en las Naciones Unidas, del documento “finalizado para la adopción”, “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible[1], aún sólo disponible en inglés. Se trata de 17 con 169 metas de Objetivos de Desarrollo Sostenible. Según el documento, demuestran la escala y ambición de esta nueva “Agenda universal” (ONU, 2015: 2). Según se expone, tratan de construir nuevos desafíos sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio y completar lo que éstos no alcanzaron.

Desde Transformatorio Cultural para el Desarrollo estaremos tomando este documento como una referencia para reflexionar en esta y próximas entregas, sobre este momento histórico y las implicaciones de este proceso para las políticas culturales y sus resultados. No queremos apresurarnos en el proceso de identificar los temas culturales sólo porque hayan dicho la palabra cultura. Queremos tomarnos el tiempo de revisar, uno por uno e ir identificando el potencial de cultura en cada uno de ello. Por tanto, esta es una primera revisión, que plantea algunas cuestiones en español, sobre el tema. Es, hasta cierto punto, una traducción preliminar comentada de sus aspectos generales, como el alcance y la visión de esta estrategia global. Lo primero que habría que dejar claro es que esta es una Agenda muy amplia. Se define como un plan de acción “para” las personas, el planeta y la prosperidad”, lo cual todavía sigue siendo planteada en términos generalistas.

La cultura no ha sido tomada en cuenta de forma explícita en los términos sugeridos por organismos y organizaciones internacionales y expertos que, sobre todo desde una visión sectorial, remarcaron el rol de la cultura como motor y catalizador o facilitador del desarrollo. Este hecho, que ya abordamos en una anterior entrega, lejos de constituir un problema, creo que abre oportunidades inéditas para ampliar el alcance y la transversalidad de las políticas culturales y seguir avanzando en innovar sus discursos, procedimientos y prácticas intersectoriales y transversales. Hoy como nunca es necesario medir la contribución de la cultura y se abre un proceso también inédito para el campo cultural, aunque pudieran identificarse un conjunto de experiencias relevantes que tienen mucho que aportar a los tiempos que siguen.

¿Pobreza en la mira integral?: Al identificar que el reto global mayor y requerimiento indispensable para el desarrollo sostenible es la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, incluyendo la pobreza extrema (ONU, 2015: 2), cabe la necesidad de reforzar cuál es el rol que tiene la pobreza como condición cultural, esto es, no sólo referida al “acceso” a los bienes, servicios o actividades culturales, sino a todas las expresiones culturales que atentan contra el libre desarrollo de las capacidades y el acceso a las oportunidades de las personas para elegir el tipo de vida que desean, desde la perspectiva de derechos humanos. La cultura tiene un rol importante a ser tenido en cuenta en el tema de la vulnerabilidad humana y la resiliencia para salir de lo que la Agenda define como la “tiranía de la pobreza” (ONU, 2015: 2).

¿Nadie quedará atrás?: Uno de los puntos más polémicos es la mención a que “no one will be left behind” -nadie quedará atrás-, lo cual continúa siendo muy generalista para atender las particularidades de grupos vulnerables y excluidos. Igualmente, para deslindar esta generalidad de grupos sociales que generan exclusión con respecto a otros grupos, vulnerando sus derechos humanos atendiendo a razones ideológicas, religiosas, políticas, económicas y culturales.

Perspectivas y enfoques: Las Metas buscan la realización de los derechos humanos para todos y el logro de la equidad de género, así como el empoderamiento de las mujeres y las niñas. Según el documento, estos Objetivos y Metas están integrados y son indivisibles y muestran un equilibrio entre las tres dimensiones del desarrollo sostenible: la económica, la social y la medioambiental. No hay una referencia explícita a “la cultura como cuarto pilar” algo trabajado por la Agenda 21 entre otros actores internacionales, lo cual implicará para las políticas culturales el ejercicio de pensarse de forma transversal, aportando el potencial de un campo/sector cultura -que significa, a nuestro juicio una manera de gestionar o gobernar los recursos necesarios para el desarrollo de las expresiones culturales- a la lógica de cada una de estas 17 Metas.

Áreas destacadas: La Agenda se plantea 5 áreas prioritarias, donde estará centrada la acción:

  • La Gente: Específicamente se refiere a acabar con la pobreza y el hambre en todas sus formas y dimensiones y asegurar que todos los seres humanos puedan alcanzar su potencial digna y equitativamente y en un entorno saludable.
  • El Planeta: La Agenda deja clara la determinación de proteger el planeta de la degradación a través de una producción y consumo sostenibles, una gestión sostenible de sus recursos naturales y la acción urgente contra el cambio climático, de manera que se puedan atender las necesidad de las presentes y futuras generaciones.
  • La Prosperidad: Uno de los grandes retos de la Agenda es su “decisión” de asegurar que todos lo seres humanos puedan disfrutar de una vida próspera y satisfactoria y que el progreso económico, social y tecnológico se produzca en armonía con la naturaleza.
  • La Paz: El fomento de “sociedades pacíficas, justas e incluyentes” es otra de las decisiones de la Agenda. Se refieren a sociedades que estén libres de miedo y violencia partiendo del concepto de que no puede haber desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible.
  • La Asociación: Se expresa la determinación de movilizar los medios requeridos para implementar la Agenda a través de una Alianza Global para el Desarrollo Sostenible. Esta alianza estaría basada en el espíritu de fortalecer la solidaridad global, centrada en particular en las necesidades de los más pobres y vulnerables y en la participación de todos los países, todas las contrapartes interesadas y todas las personas.

Además de este preámbulo, se habla de una Declaración de los Jefes de Estado y de gobierno y Altos Representantes, que serán, en efecto, los signatarios del del 25 al 27 de Septiembre, en el marco del 70 aniversario de la ONU. Aquí se afirma que esta es una Agenda de un alcance y significación sin precedentes. Es aceptada por todos los países y aplicable a todos, tomando en consideración las diversas realidades, capacidades y nivlees de desarrollo, así como las prioridades y políticas nacionales.

La Visión de la Agenda

Se afirma que con estos objetivos y metas, se establece una visión sumamente ambiciosa y transformadora. Preven un mundo libre de pobreza, hambre, enfermedades y donde la vida pueda prosperar. Un mundo libre de miedo y violencia, con la alfabetización universal, acceso equitativo y universal a una educación de calidad a todos los niveles, a la atención sanitaria y protección social, con el aseguramiento de la atención sanitaria y la protección social. “Un mundo en el que reafirmamos nuestros compromisos con respecto al derecho humano al agua potable y al saneamiento y donde se mejora la higiene; y donde la comida es suficiente, segura, asequible y nutritiva. Un mundo donde los hábitats humanos son seguros, resistentes y sostenibles y donde hay un acceso universal a la energía asequible , fiable y sostenible” (ONU, 2015: 3).

En esta perspectiva, el lugar de la cultura es incuestionable si nos estamos planteando cambiar no sólo estructuras económicos, sociales, políticos que generan aún los problemas que se plantean resolver con esta Agenda. Está latente en cada una de las piezas que conforman este imaginario -aún- de buenas intenciones, una dimensión cultural que de forma directa o indirecta puede contribuir, no contribuir o entorpecer el proceso de su logro. Derechos culturales, alfabetización universal y digital, acceso equitativo a la cadena de valor de la cultura, potenciar la economía creativa en su escala micro, local, con perspectiva de potenciar la calidad de vida de las personas a través, por ejemplo, de la gastronomía, o el turismo, son algunos de los aspectos en los que la cultura puede contribuir a generar resiliencia, inclusión, progreso.

Otro punto importante de la Agenda es la previsión de un mundo donde se respetan de forma universal los derechos humanos y la dignidad humana, el Estado de Derecho, la justicia, la igualdad y la no discriminación; donde se respeta la raza, el origen étnico y la diversidad cultural. Un mundo de igualdad de oportunidades que permita la realización plena del potencial humano y que permita contribuir a la prosperidad compartida. Un mundo que invierte en sus hijos y en el que cada niño crece libre de violencia y exploración. Las mujeres y niñas que gozan de igualdad de género y se han eliminado todas las barreras legales, sociales y económicas para su empoderamiento. Se aboga por un mundo justo, equitativa, tolerante, abierto y socialmente inclusivo en el que se satisfagan las necesidades de los más vulnerables.

Tanto el sector cultura, como la sociedad en general deben trabajar para el reforzamiento de los derechos culturales como parte esencial e integral de los derechos humanos. La diversidad cultural es uno de los pocos aspectos calificados como prioritarios donde el sector tiene una experiencia única. Es imprescindible utilizar los instrumentos disponibles, como la Convención 2005 para la protección y promoción de la diversidad cultural, como otros que pueden generarse a partir de promover la transversalidad de otros disponibles, en UNESCO y otros organismos, por ejemplo.

La Agenda hacia el 2030 prevé también un mundo en el que cada país disfruta de un crecimiento sostenido, inclusivo y sostenible con trabajo decente para todos. Un mundo en el que son sostenibles los patrones de producción y consumo, así como el uso de los recursos naturales -desde el aire a la tierra, de los ríos, lagos y acuíferos a los mares y océanos. Un mundo en el que la democracia, el buen gobierno y el Estado de Derecho, así como un entorno propicio a nivel nacional e internacional, son esenciales para el desarrollo sostenible, el crecimiento económico sostenido e inclusivo, el desarrollo social, la protección del medio ambiente y la erradicación de la pobreza y el hambre. Un mundo en el que el desarrollo y la aplicación de la tecnología son sensibles al clima, la biodiversidad y la resiliencia. Un mundo en el que la humanidad vive en harmonía con la naturaleza y en el cual la vida silvestre y otras especies son protegidas.

Pensar la cultura, en el marco de los 17 Objetivos y 169 no será algo fácil para expertos, gestores culturales, servidores públicos, empresarios creativos, muchas veces acostumbrados a pensar la cultura en términos de sector. Insistimos desde Transformatorio cultural para el desarrollo, en que la Agenda 2030 será un nuevo software a ser utilizado en los equipos de cada cual, para los usos específicos que así lo requieran. Estamos, apenas, mirando el mapa del futuro camino a recorrer. Y en este artículo hemos revisado sólo, y de forma muy general, la visión de la Agenda 2030.

Ciudad de México, 4 de agosto, 2015.

[1] Transforming our world: The 2030 agenda for sustainable development.