Alineaciones del sector cultura al desarrollo sostenible: UNESCO y la Agenda 2030 en América latina y el Caribe

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Mural, en una calle de Tegucigalpa, 2015

Lázaro I. Rodríguez Oliva

Acaba de ser presentado, en español e inglés, el Plan de Trabajo de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO. Según el documento, se incluyen las acciones a ser implementadas en la región entre 2016 y 2021. Desde Transformatorio Cultural para el Desarrollo, nos interesa darle seguimiento a este proceso de alineación de los sectores a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, considerando que no incluye de forma explícita medidas que responsabilicen al sector cultural, sin embargo, sí abre el marco para un debate más profundo de cuáles son las dimensiones sustantivas y contribuciones efectivas de la cultura en el desarrollo sostenible. Y aquí radica la oportunidad.

Lo interesante de este Plan es su alineación con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aunque, que a pesar de ser publicada en 2016, en algunas partes del documento sigue referida como ODS 2015. Se especifica que “El plan se centra en contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados por la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en septiembre del 2015, mediante la implementación del Programa de Cultura aprobado por la Conferencia General de la UNESCO” (UNESCO, 2016: 1).

Además de las conocidas referencias al concepto de cultura de la Conferencia de Políticas Culturales de México (1982) y de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, 2001, es interesante cómo concretas los modos en que la cultura es algo más allá de las artes o los sectores culturales conocidos:

“la cultura es un medio de transmisión de conocimiento y el producto resultante de ese conocimiento, tanto pasado como presente. Es un elemento facilitador e impulsor del desarrollo sostenible, la paz y el progreso económico. En su forma multifacética, aúna a las sociedades y las naciones. Son éstas las que reconocen el valor excepcional de su patrimonio construido y natural; las comunidades manifiestan la importancia de sus usos, representaciones, técnicas y conocimientos para afianzar el sentimiento de identidad y continuidad; y a través de las industrias creativas y culturales las mujeres y los hombres, especialmente los más jóvenes, se incorporan al mercado laboral, impulsan el desarrollo local y alientan la innovación” (UNESCO, 2016: 1).

Esta perspectiva debe permitir romper los estancos que existen, incluso al interior de UNESCO entre subsectores de educación, ciencia y cultura, y enfocarse a resultados que no se logran sin la articulación de recursos y capacidades de diversos sectores. Es interesante cómo también recae en el “idealismo” del lado positivo de la cultura, considerando que la violencia, las disputas por los símbolos nacionales, la lucha por la diversidad cultural más allá de las identidades nacionales prefabricadas, etcétera, son expresiones culturales. También sigue siendo paradójica la referencia a las industrias culturales y creativas, que pierden de vista a los emprededores y sus economías de la precariedad y riesgo, sobre todo en los espacios locales.

UNESCO está presentando un plan de trabajo para el sector cultura que responde a dos prioridades institucionales:

  • (1) “proteger, conservar, promover y transmitir la cultura, el patrimonio y la historia en favor del diálogo y el desarrollo, y engloba la aplicación efectiva de la Convención de 1954 y sus dos protocolos de 1954 y 1999 (conflictos armados y patrimonio), la Convención de 1970 (lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales), la Convención de 1972 (patrimonio mundial), la Convención de 2001 (patrimonio subacuático) y el proyecto de La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad y patrimonio, la Historia General de África y el Programa de Historias Generales y Regionales
  • (2) apoyar y promover la diversidad de las expresiones culturales, la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial y el desarrollo de industrias culturales y creativas mediante la aplica- ción efectiva de las Convenciones de 2003 (patrimonio inmate- rial) y la de 2005 (industrias creativas y culturales)”.

El documento que hoy se publica es un ejercicio de implementación -con metas e idnciadores- de estas prioridades en la realidad de los 33 países de América latina y el Caribe. Según consta en el documento: “El Plan se basa en las prioridades de intervención identificadas en el Plan de Acción de la CELAC, la Declaración de La Habana y las declaraciones especiales temáticas, en particular la dedicada a la cultura como promotora del desarrollo, aprobadas en La Habana, Cuba, el 29 de enero de 2014 en ocasión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños”

Tomando en cuenta lo anterior se han establecido cuatro prioridades que deben atenderse en la formulación de la cooperación cultural para el desarrollo sostenible.

  1. Desarrollo de políticas y legislación nacionales.

Reforzar las políticas y los programas nacionales para garantizar la protección y la promoción del patrimonio y de sus sistemas heredados de valores y expresiones culturales, como parte del acervo común, dándole al mismo tiempo un papel central en la vida de las sociedades. Ello debería lograrse por medio de su plena integración en el sector del desarrollo (Declaración de Hangzhou, 2013). Las políticas y programas nacionales deben reflejar las provisiones de los instrumentos normativos ratificados por los Estados de la región.

NOTA AL PIE: Un punto polémico de esta área, tal como está planteada, y en términos de desarrollo sostenible que se basa en el enfoque de derechos, es cómo hacer con sistemas heredados de valores y expresiones culturales que forman parte de los patrimonios nacionales, incluso en muchas de las prácticas de nuestros pueblos indígenas y afrodescendientes, y del patrimonio cultural inmaterial, pero que “expresan” asimetrías sociales y exclusiones históricas, por ejemplo, en relación con la mujer, los homosexuales, niños y jóvenes, entre otros

  1. Fortalecimiento de capacidades.

Fortalecer y utilizar las capacidades nacionales para proteger, salvaguardar y gestionar de manera sostenible y responsable el patrimonio y la diversidad de expresiones culturales (…)

NOTA AL PIE:

Es interesante que, a pesar de que el fortalecimiento de capacidades siga teniendo un referente nacional, incluso en un espacio regional. Esto, a pesar de que fue mencionado en el Plan su referencia como marco nacional y regional. Es importante un reenfoque del desarrollo de capacidades que atienda la complejidad de la transversalización en tiempos del desarrollo sostenible. ¿Qué forma tendrán las políticas culturales “nacionales”? ¿Quién debe diseñarlas, implementarlas, y evaluarlas? ¿Qué institucionalidad es requerida?

  1. Investigación y sensibilización

Fomentar estudios científicos, técnicos y artísticos, metodologías de investigación para la protección, conservación, salvaguardia y gestión eficaz del patrimonio y la diversidad de expresiones culturales, así como desarrollar y aplicar indicadores sobre el impacto de la cultura en el desarrollo social y económico de las sociedades. Difundir buenas prácticas y sensibilizar para la puesta en valor de la cultura.

NOTA AL PIE: Por suerte se superan las perspectivas “rescatistas” del patrimonio y la identidad y se avanza a un concepto de protección, conservación, salvaguardia y gestión eficaz del patrimonio y la diversidad de expresiones culturales. Es un llamado a hacer algo con esas expresiones culturales, que, dado el marco de la Agenda 2030 deben servir para garantizar derechos humanos a través de estos recursos culturales. Para Transformatorio es particularmente interesante esta área estratégica porque llama a construir los indicadores de cultura para el desarrollo que serán referencia en la aplicación de la Agenda 2030 para/desde la cultura.

  1. Mecanismos de cooperación.

Fomentar y desarrollar mecanismos de cooperación internacional para compartir el conocimiento y la información; facilitar el intercambio tecnológico; utilizar y fortalecer redes e instituciones nacionales e internacionales ya existentes; y movilizar recursos humanos y financieros.

NOTA AL PIE: La Agenda 2030 se plantea una reactivación de la Alianza Global, donde tienen cabida no sólo los Estados nacionales y sus mecanismos, sino todos los actores interconectados globalmente desde lo local, incluso muchas veces al margen y a pesar de los Estados nacionales. Es una oportunidad para avanzar en nuevos modelos de cooperación cultural para el desarrollo que deben tener lógicas de los formatos conocidos. Para el sector cultura es imprescindible una evaluación de sus mecanismos, orientados por este nuevo referente intersectorial.

La publicación del Plan de Trabajo de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO debe asumirse como una oportunidad de entender el cómo el tradicional enfoque sectorial de cultura se va integrando en el resto de las políticas públicas y sectores sociales. El valor de esta alineación a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, a nuestro juicio, es justamente que permitirá un desarrollo en dos direcciones complementarias: por un lado permitirá a la cultura, como decía Martín Barbero “perder el objeto para ganar el proceso” y encontrar modos en que es un “facilitador” de otros procesos de desarrollo aparentemente alejado de los fines de las políticas culturales. Por otro, permitirá traer a la institucionalidad del sector cultura, todo el acervo tecnológico de la gestión para el desarrollo, con sus sistemas de evaluación de procesos, de transparencia y rendición de cuentas; de indicadores de resultados. Esperemos que este Plan no quede, como muchas agendas consensuadas y políticas aprobadas, en pura tinta y sirva para lograr lo que se propone.