Pensando el desarrollo sostenible como diálogo intercultural

18222299_841380559343140_759493607315566652_nEl 4to Foro Mundial sobre Diálogo Intercultural se realiza en Bakú, Azerbaiyán entre el 4 y el 6 de mayo de 2017. El tema principal es “Avanzar en el diálogo intercultural: nuevas avenidas para la seguridad humana, la paz y el desarrollo sostenible”.

Este evento es auspiciado por el gobierno de la República de Azerbaiyán, en cooperación con UNESCO, la Alianza de Civilizaciones de Naciones Unidas, la Organización Mundial del Turismo, el Consejo de Europa, ISESCO, el Centro Norte Sur del Consejo de Europa, entre otros. Este foro da continuidad a los compromisos de la resolución de Naciones Unidas sobre diálogo de civilizaciones (2001), la Convención para la protección y promoción de la diversidad cultural y otros instrumentos internacionales.

Según refieren los organizadores, el Foro tiene como fin, posicionar el diálogo intercultural y la diversidad intercultural en la agenda internacional en un contexto crítico para la seguridad humana ante el aumento del extremismo. El Foro se centrará en asuntos clave como el rol de la fe, las religiones, la migración, la seguridad humana, el deporte, la educación, las artes, el desarrollos sostenible, el extremismo violento y los negocios en construir confianza y cooperación entre culturas y civilizaciones.

Según la invitación recibida, el Foro pretende ser una plataforma de discusión sobre las vías para construir sociedades basadas en el respeto genuino por los derechos individuales que incluyen la libertad de creencias, iguales oportunidades y buena gobernanza, así como un marco inclusivo de tolerancia y respeto por la diversidad. En ella participan jefes de gobierno, responsables de varias organizaciones internacionales, expertos en diseño de política pública, profesionales culturales, embajadores de buena voluntad, periodistas, y activistas, entre otros.

Durante las sesiones, entre otras iniciativas, será lanzada la plataforma digital mundial que acompaña los esfuerzos por tener instrumentos en internet que contribuyan a resolver conflictos interculturales, como parte de las acciones clave del “Decenio para la Aproximación de las culturas”. Para ello, desde hace un año, un equipo de cinco expertos, representando Asia, África, el Mundo Árabe; Europa y Norteamérica y América latina, respectivamente, viene trabajando recopilando el conocimiento y las formas de visualización de este conocimiento. Transformatorio cultural para el desarrollo ha formado parte de este esfuerzo, vinculado con otras acciones desarrolladas en Centroamérica para el desarrollo de las competencias interculturales y gestión de conflictos interculturales en los gobiernos locales.

Para mayor información pueden remitirse al Programa:

Desarrollo humano como política cultural: notas de avance

Una de las cuestiones más misteriosas para muchos, sobre todo del sector cultura, es por qué la cultura (e incluso el sector cultura) no tuvo un espacio explícito en la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. Desde Transformatorio cultural para el desarrollo le hemos dado seguimiento a esta cuestión, no desde la lógica de entender por qué no estuvo, sino más bien para de comprender cómo puede estar la cuestión político cultural en lo adelante.

Este artículo es, por tanto, un esfuerzo por avanzar en un “mapa nocturno” que nos permita entender cómo está siendo (in)visibilizada la cultura en los procesos de desarrollo. Ahora, nuestro interés principal, en las fuentes y en la perspectiva es perder un poco la mirada en el sector, y ubicarnos en los procesos culturales del desarrollo.

Ver más en: Artículo

Políticas culturales y agenda 2030 para el desarrollo sostenible

tendenciasEl marco de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, adoptada por las NacionesUnidas con el compromiso de todos sus países miembros, está ofreciendo una oportunidad para replantear las relaciones entre cultura y desarrollo sostenible, no sólo desde el punto de vista conceptual y operativo que abre desafíos para la gestión de conocimientos que implica la Agenda 2030, sino en un sentido más amplio, por colocarse en medio de un debate sobre cuáles son las implicaciones y usos de estos conceptos, respetivamente y en interconexiones en el campo de lo político. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible implica una cuestión básica, hasta ahora presente sobre todo en debates académicos o documentos políticos pero difícilmente interpretada: la transversalidad e intersectorialidad de la cultura como motor y facilitador del desarrollo sostenible. La Agenda implica también la posibilidad de mayores usos de la cultura, a partir de un lenguaje en común: su participación en los procesos de desarrollo, aún, cuando su rola ha sido expresamente invisibilizado.

Descripción: Este taller abarca las tendencias internacionales vinculadas con organismos multilaterales como el Sistema de las Naciones Unidas. Se identifican conceptos clave, prioridades políticas, estructuras de financiación y posibles escenarios de cooperación internacional. A esta dimensión conceptual, se suma la oportunidad de debatir estos marcos político-culturales para identificar oportunidades para las iniciativas participantes.

Contenidos del taller:

  1. CULTURA Y DESARROLLO SOSTENIBLE: DEBATE Y CONTEXTO ACTUAL.
  2. Internacionalización de las políticas culturales: dimensiones y pertinencia.
  3. Agenda 2030 para el desarrollo sostenible: ¿la cultura ausente?
  4. ¿Cómo hacer una estrategia de internacionalización de las iniciativas culturales enmarcada en la Agenda 2030?

Objetivos:

  • Visibilizar la contribución de la internacionalización a la sostenibilidad de las iniciativas culturales mexicanas en el escenario de la Agenda 2030.
  • Exponer las tendencias actuales en internacionalización de políticas culturales y desarrollo sostenible.
  • Debatir sobre los conceptos clave, las prioridades políticas y estructuras de financiación relacionadas con la internacionalización cultural en el escenario de la Agenda 2030.
  • Identificar estrategias de internacionalización para proyectos culturales mexicanos

Dirigido a:  Gestores culturales, emprendedores creativos, responsables de direcciones de relaciones internacionales de instituciones culturales, investigadores, funcionarios de instituciones culturales.

Imparte: Lázaro Rodríguez Oliva (Cuba, Transformatorio Cultural para el Desarrollo) Fundador y Director de Transformatorio Cultural para el Desarrollo, una plataforma sobre las tendencias y retos de la cultura en la Agenda del Desarrollo Sostenible 2030. Experto en temas de internacionalización de las políticas culturales y responsabilidad cultural. Investigador en gestión de conocimiento en políticas culturales y tendencias internacionales en Cooperación para el Desarrollo en México, Centroamérica y el Caribe. Forma parte del grupo de expertos de UNESCO-París para la construcción de la plataforma digital del Decenio para la Aproximación de las culturas. Sus más recientes trabajos mapean las expresiones culturales de la discriminación en Centroamérica (2016). Se especializa en competencias y gestión de conflictos interculturales. Ha sido consultor del PNUD para el análisis de las iniciativas legislativas culturales en Panamá y la facilitación para la Ley de Cultura del país (2016). Ha facilitado varios procesos políticos para la toma de decisiones en políticas públicas de cultura en y cooperación en Centroamérica, y específicamente en Costa Rica. El Salvador, Panamá y México. Entre sus trabajos destaca: Arquitectura Estratégica en el Centro Cultural de España en Nicaragua (AECID, 2009), Política Pública de Integración Centroamericana (2012-2015) (CECC-SICA), Política Cultural de los Museos Centroamericanos (REDCAMUS, 2012); Corredor Cultural Caribe (UNESCO-OEI, 2011) y Política Pública de Cultura de El Salvador (2014-2024), entre otros.

Comprensión mutua intercultural para el desarrollo sostenible: ¿qué marco internacional tenemos?

shutterstock_decade_drupal

Lázaro I. Rodríguez Oliva

En los últimos tiempos, las noticias sobre hechos violentos parecen ir en aumento. Diversas escalas de conflictos interpersonales, comunitarias, locales, regionales, nacionales e internacionales urgen la atención específica a los conflictos como procesos, muchos de los cuales se disfrazan o determinan por alguna expresión cultural, asociada con la política, la religión, la economía, la sexualidad, la ideología, entre otros. La definición de estos conflictos y su transformación en cultura de paz es una determinante para el logro del desarrollo sostenible, y de las metas de la Agenda 2030.

Estamos apenas en los primeros años de que se haya declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Decenio Internacional de Acercamiento de las Culturas (2013-2022). Un marco político y financiero para la atención de la diversidad cultural, la comprensión de las tensiones que les son inherentes y su atención para la comprensión mutua. Recién está disponible en español la Hoja de Ruta del Decenio. Se trata de un documento donde se establecer las prioridades de la SECCIÓN DEL DIÁLOGO INTERCULTURAL de la División de Transformaciones Sociales y Diálogo Intercultural, del Sector de Ciencias Sociales y Humanas de UNESCO en este tema, como organismo multilateral rector del Decenio. En este post, comentaremos algunos desafíos de esta Hoja de Ruta, desde la perspectiva de las políticas culturales.

El camino a seguir

El Decenio contempla, según el documento:

> un mundo sin miedo ni violencia, que respete las libertades fundamentales de todos sus ciudadanos sin distinción y que ofrezca un acceso equitativo y universal a las oportunidades que promete.

> un entorno de instituciones, estructuras y mecanismos más sólidos que fomenten la paz, para permitir desarrollar el potencial humano.

> unas sociedades y comunidades en las que la riqueza y el potencial de la diversidad cultural se comprendan y se reconozcan mejor por su vital contribución para mejorar y conformar los resultados en materia de desarrollo.

> unos individuos que cuenten con las competencias e instrumentos necesarios para actuar en un mundo diverso y en continuo cambio y que se guíen por valores humanos compartidos a al vivir y trabajar juntos como custodios de un mismo planeta.

Algunos de los aspectos clave de este documento se alistan a continuación:

Comprensión de la complejidad del escenario actual:

  • “Ciclos recurrentes de estancamiento y conflicto socavan la gobernanza y la legislación a nivel internacional, nacional y local evitando la paz y el desarrollo a largo plazo. La letanía de polarización de nuestras sociedades se de ne a menudo con arreglo a la ‘identidad’- religiosa, cultural, étnica o de otro tipo – y se manifiesta cada vez más en forma de prejuicios, intolerancia, racismo, xenofobia, discriminación, radicalización y violencia extrema”.  (UNESCO, 2016: 5).
  • “En el actual entorno marcado por fuertes y rápidas disensiones, la necesidad de una intervención y una respuesta oportunas también se ha convertido en una prioridad. La escalada de violencia ha demostrado claramente que las aspiraciones de pluralismo y tolerancia, así como la idea de construir una cultura de paz en nuestras sociedades, no han resultado su cientes, que los mecanismos existentes deben ser revisados y que el tratamiento de los dé cit de justicia social en el mundo se ha gestionado, en el mejor de los casos, de forma reticente” (UNESCO, 2016: 8).

Atención a la multidimensionalidad de los conflictos y su necesidad de atención interseccional:

  • “Con frecuencia, los retos son multidimensionales y están relacionados entre sí, y sus impactos traspasan las fronteras convencionales revelando, de esta forma, una enorme vulnerabilidad a nivel mundial y la consiguiente necesidad de una respuesta global” (UNESCO, 2016: 5).
  • “Permitirá a las generaciones presentes y futuras una mejor preparación gracias a los conocimientos, competencias, habilidades e instrumentos necesarios para intercambiar, comunicarse y cooperar a través de las fronteras culturales, religiosas y nacionales como ciudadanos del mundo responsables” (UNESCO, 2016: 11).

El enfoque de derechos humanos en la promoción del diálogo intercultural:  

  • “El diálogo intercultural denota un proceso abierto de intercambio y respeto entre individuos y grupos con culturas, puntos de vista y aspiraciones diferentes. De esta forma, el respeto y el ejercicio y disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales no son solo avances clave para el diálogo, sino que también son esenciales para su proceso” (UNESCO, 2016: 5).
  • “La consecución de un verdadero acercamiento de las culturas debe surgir y nutrirse de una cultura de paz y de no violencia y mantenerse gracias a los derechos humanos y a valores universales como la apertura de miras, el respeto, la tolerancia, la voluntad de dialogar y la capacidad para solucionar con ictos de forma pacífica y reconociendo la opinión de los demás” (UNESCO, 2016: 10).

Algunos desafíos

A nivel estratégico se focalizan cinco niveles de actuación, para los cuales se han identificado algunos desafíos:

>INVENTARIO:

UNESCO se propone realizar un “Inventario actualizado de las investigaciones y prácticas más recientes en materia de diálogo intercultural para promover la formulación de políticas y brindar la base de las actividades futuras”. El estallido de nuevas violencias que se suman a las históricamente instaladas en la sociedad, exige de las Naciones Unidas, y de UNESCO en particular, un mayor protagonismo en el tema de los conflictos sociales, su dimensión intercultural y las herramientas necesarias para atenderlos y transformarlos en procesos de comprensión mutua y diálogo para el desarrollo sostenible. A tal efecto, un desafío importante es ampliar los referentes sobre interculturalidad (más allá de lo étnico o racial) e incorporar otras formas de violencia intercultural entre géneros, edades, elecciones sexuales, religiosas, entre otras. Es imprescindible el mapeo de las formas locales específicas. Ello permitirá identificar un repertorio más amplio de acciones a favor de la negociación y el empoderamiento de grupos sociales excluidos.

>INVESTIGACIÓN:

Para este nivel, UNESCO se plantea la “realización de investigaciones innovadoras en colaboración con instituciones académicas para definir con precisión las cuestiones fundamentales relacionadas con el Decenio”. La experiencia de MOST, el programa de incidencia en las políticas públicas que tienen la función de acompañar con criterios científicos las transformaciones sociales, es una buena práctica a potenciar durante el Decenio. Es fundamental que las universidades, los centros de investigación y las redes, contribuyan a sostener una agenda de temas relevantes y cruciales para la toma de decisiones.

>CREACIÓN DE CAPACIDADES E INTERCAMBIO DE CONOCIMIENTOS:

El planteamiento de la “creación de una plataforma virtual mundial que promueva el desarrollo de aptitudes en respuesta a las tendencias mundiales” es otro nivel de actuación del Decenio. Existe una diversidad de formatos para el desarrollo de competencias interculturales que son la base del diálogo intercultural. Lograr poner a disposición herramientas de traducción de estas acciones es fundamental para que el discurso sobre el diálogo no se exprese solamente en inglés, tomando en cuenta que es en este idioma que se hegemoniza la producción de conocimientos científicos. Esta sugerencia debe tomar en cuenta, particularmente todo el trabajo que UNESCO viene desarrollando sobre educación intercultural bilingüe y en la promoción de la diversidad lingüística.

>PROMOCIÓN:

Con respecto a la “utilización de las actividades de sensibilización y las comunicaciones para movilizar la participación, estimular el diálogo y ampliar el alcance”, las redes sociales son fundamentales. Es imprescindible superar la retórica política y tecnocrática del discurso de la cooperación y promover el desarrollo de contenidos comunicativos con enfoque intercultural que se base en los códigos de la vida cotidiana, y de esta forma, que logre llegar a actores clave, sobre todo, a aquellos que están involucrado en tensiones sociales y conflictos interculturales.

>COORDINACIÓN:

Para la realización de las acciones anteriores será fundamental la “creación de una vasta red mundial para poner en práctica el Decenio y promover una participación más inclusiva”. El rol de UNESCO en el Sistema de Naciones Unidas, y la autoridad que ha acumulado en sus 70 años con las autoridades y contrapartes locales de los sectores que atiende son imprescindibles para renovar las alianzas y generar estructuras sostenibles que no dupliquen las acciones de otras agencias u actores políticos.

En la Hoja de Ruta, salvo la mención a la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) (UNESCO, 2016: 23), no existe otra referencia a alianzas estratégicas en América latina y el Caribe, muy a pesar de las múltiples instancias de cooperación regional como CELAC, UNASUR, CARICOM, SICA, OEA, MERCOSUR, la Alianza del Pacífico, entre otros.

Un enfoque intercultural en las políticas públicas, y en la cooperación internacional para el desarrollo sostenible deberá lograrse en los años que restan y así lograr que en un Decenio que apuesta por la “aproximación de las culturas”, sean las personas, en tanto portadoras y transformadoras de expresiones culturales quienes concreten, en la realidad de sus vidas cotidianas, el interés por los otros diferentes, la comprensión de los derechos humanos como la contención de las iras, los odios, los desprecios aprendidos, y la necesidad de fomentar la colaboración intercultural como una condición sine qua non del desarrollo sostenible.

Livinston Manor, Upstate New York, 2 de agosto, 2016.

nice_idrc

Alineaciones del sector cultura al desarrollo sostenible: UNESCO y la Agenda 2030 en América latina y el Caribe

IMG_0981

Mural, en una calle de Tegucigalpa, 2015

Lázaro I. Rodríguez Oliva

Acaba de ser presentado, en español e inglés, el Plan de Trabajo de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO. Según el documento, se incluyen las acciones a ser implementadas en la región entre 2016 y 2021. Desde Transformatorio Cultural para el Desarrollo, nos interesa darle seguimiento a este proceso de alineación de los sectores a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, considerando que no incluye de forma explícita medidas que responsabilicen al sector cultural, sin embargo, sí abre el marco para un debate más profundo de cuáles son las dimensiones sustantivas y contribuciones efectivas de la cultura en el desarrollo sostenible. Y aquí radica la oportunidad.

Lo interesante de este Plan es su alineación con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aunque, que a pesar de ser publicada en 2016, en algunas partes del documento sigue referida como ODS 2015. Se especifica que “El plan se centra en contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados por la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en septiembre del 2015, mediante la implementación del Programa de Cultura aprobado por la Conferencia General de la UNESCO” (UNESCO, 2016: 1).

Además de las conocidas referencias al concepto de cultura de la Conferencia de Políticas Culturales de México (1982) y de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, 2001, es interesante cómo concretas los modos en que la cultura es algo más allá de las artes o los sectores culturales conocidos:

“la cultura es un medio de transmisión de conocimiento y el producto resultante de ese conocimiento, tanto pasado como presente. Es un elemento facilitador e impulsor del desarrollo sostenible, la paz y el progreso económico. En su forma multifacética, aúna a las sociedades y las naciones. Son éstas las que reconocen el valor excepcional de su patrimonio construido y natural; las comunidades manifiestan la importancia de sus usos, representaciones, técnicas y conocimientos para afianzar el sentimiento de identidad y continuidad; y a través de las industrias creativas y culturales las mujeres y los hombres, especialmente los más jóvenes, se incorporan al mercado laboral, impulsan el desarrollo local y alientan la innovación” (UNESCO, 2016: 1).

Esta perspectiva debe permitir romper los estancos que existen, incluso al interior de UNESCO entre subsectores de educación, ciencia y cultura, y enfocarse a resultados que no se logran sin la articulación de recursos y capacidades de diversos sectores. Es interesante cómo también recae en el “idealismo” del lado positivo de la cultura, considerando que la violencia, las disputas por los símbolos nacionales, la lucha por la diversidad cultural más allá de las identidades nacionales prefabricadas, etcétera, son expresiones culturales. También sigue siendo paradójica la referencia a las industrias culturales y creativas, que pierden de vista a los emprededores y sus economías de la precariedad y riesgo, sobre todo en los espacios locales.

UNESCO está presentando un plan de trabajo para el sector cultura que responde a dos prioridades institucionales:

  • (1) “proteger, conservar, promover y transmitir la cultura, el patrimonio y la historia en favor del diálogo y el desarrollo, y engloba la aplicación efectiva de la Convención de 1954 y sus dos protocolos de 1954 y 1999 (conflictos armados y patrimonio), la Convención de 1970 (lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales), la Convención de 1972 (patrimonio mundial), la Convención de 2001 (patrimonio subacuático) y el proyecto de La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad y patrimonio, la Historia General de África y el Programa de Historias Generales y Regionales
  • (2) apoyar y promover la diversidad de las expresiones culturales, la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial y el desarrollo de industrias culturales y creativas mediante la aplica- ción efectiva de las Convenciones de 2003 (patrimonio inmate- rial) y la de 2005 (industrias creativas y culturales)”.

El documento que hoy se publica es un ejercicio de implementación -con metas e idnciadores- de estas prioridades en la realidad de los 33 países de América latina y el Caribe. Según consta en el documento: “El Plan se basa en las prioridades de intervención identificadas en el Plan de Acción de la CELAC, la Declaración de La Habana y las declaraciones especiales temáticas, en particular la dedicada a la cultura como promotora del desarrollo, aprobadas en La Habana, Cuba, el 29 de enero de 2014 en ocasión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños”

Tomando en cuenta lo anterior se han establecido cuatro prioridades que deben atenderse en la formulación de la cooperación cultural para el desarrollo sostenible.

  1. Desarrollo de políticas y legislación nacionales.

Reforzar las políticas y los programas nacionales para garantizar la protección y la promoción del patrimonio y de sus sistemas heredados de valores y expresiones culturales, como parte del acervo común, dándole al mismo tiempo un papel central en la vida de las sociedades. Ello debería lograrse por medio de su plena integración en el sector del desarrollo (Declaración de Hangzhou, 2013). Las políticas y programas nacionales deben reflejar las provisiones de los instrumentos normativos ratificados por los Estados de la región.

NOTA AL PIE: Un punto polémico de esta área, tal como está planteada, y en términos de desarrollo sostenible que se basa en el enfoque de derechos, es cómo hacer con sistemas heredados de valores y expresiones culturales que forman parte de los patrimonios nacionales, incluso en muchas de las prácticas de nuestros pueblos indígenas y afrodescendientes, y del patrimonio cultural inmaterial, pero que “expresan” asimetrías sociales y exclusiones históricas, por ejemplo, en relación con la mujer, los homosexuales, niños y jóvenes, entre otros

  1. Fortalecimiento de capacidades.

Fortalecer y utilizar las capacidades nacionales para proteger, salvaguardar y gestionar de manera sostenible y responsable el patrimonio y la diversidad de expresiones culturales (…)

NOTA AL PIE:

Es interesante que, a pesar de que el fortalecimiento de capacidades siga teniendo un referente nacional, incluso en un espacio regional. Esto, a pesar de que fue mencionado en el Plan su referencia como marco nacional y regional. Es importante un reenfoque del desarrollo de capacidades que atienda la complejidad de la transversalización en tiempos del desarrollo sostenible. ¿Qué forma tendrán las políticas culturales “nacionales”? ¿Quién debe diseñarlas, implementarlas, y evaluarlas? ¿Qué institucionalidad es requerida?

  1. Investigación y sensibilización

Fomentar estudios científicos, técnicos y artísticos, metodologías de investigación para la protección, conservación, salvaguardia y gestión eficaz del patrimonio y la diversidad de expresiones culturales, así como desarrollar y aplicar indicadores sobre el impacto de la cultura en el desarrollo social y económico de las sociedades. Difundir buenas prácticas y sensibilizar para la puesta en valor de la cultura.

NOTA AL PIE: Por suerte se superan las perspectivas “rescatistas” del patrimonio y la identidad y se avanza a un concepto de protección, conservación, salvaguardia y gestión eficaz del patrimonio y la diversidad de expresiones culturales. Es un llamado a hacer algo con esas expresiones culturales, que, dado el marco de la Agenda 2030 deben servir para garantizar derechos humanos a través de estos recursos culturales. Para Transformatorio es particularmente interesante esta área estratégica porque llama a construir los indicadores de cultura para el desarrollo que serán referencia en la aplicación de la Agenda 2030 para/desde la cultura.

  1. Mecanismos de cooperación.

Fomentar y desarrollar mecanismos de cooperación internacional para compartir el conocimiento y la información; facilitar el intercambio tecnológico; utilizar y fortalecer redes e instituciones nacionales e internacionales ya existentes; y movilizar recursos humanos y financieros.

NOTA AL PIE: La Agenda 2030 se plantea una reactivación de la Alianza Global, donde tienen cabida no sólo los Estados nacionales y sus mecanismos, sino todos los actores interconectados globalmente desde lo local, incluso muchas veces al margen y a pesar de los Estados nacionales. Es una oportunidad para avanzar en nuevos modelos de cooperación cultural para el desarrollo que deben tener lógicas de los formatos conocidos. Para el sector cultura es imprescindible una evaluación de sus mecanismos, orientados por este nuevo referente intersectorial.

La publicación del Plan de Trabajo de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO debe asumirse como una oportunidad de entender el cómo el tradicional enfoque sectorial de cultura se va integrando en el resto de las políticas públicas y sectores sociales. El valor de esta alineación a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, a nuestro juicio, es justamente que permitirá un desarrollo en dos direcciones complementarias: por un lado permitirá a la cultura, como decía Martín Barbero “perder el objeto para ganar el proceso” y encontrar modos en que es un “facilitador” de otros procesos de desarrollo aparentemente alejado de los fines de las políticas culturales. Por otro, permitirá traer a la institucionalidad del sector cultura, todo el acervo tecnológico de la gestión para el desarrollo, con sus sistemas de evaluación de procesos, de transparencia y rendición de cuentas; de indicadores de resultados. Esperemos que este Plan no quede, como muchas agendas consensuadas y políticas aprobadas, en pura tinta y sirva para lograr lo que se propone.

 

 

 

Innovar para transformar: responsabilidad cultural, políticas públicas y desarrollo sostenible.

Pensamiento

Lázaro I. Rodríguez Oliva.

(Originalmente publicado en Sexenio, por invitación de la columnista Mayté Cordeiro)

En políticas culturales parecen identificarse dos debates recientes bien vivos: por una parte, a nivel internacional, la reciente adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible donde se invisibiliza de forma explícita el rol de la cultura en dichos procesos, al mismo tiempo que se deja un margen para que, con indicadores de gestión y mucha incidencia en espacios de decisión, se consiga sacar a la cultura de la función “ornamental” con la que mucha veces se la asocia en la política pública. El otro debate, nacional, mexicano, tiene que ver con el reciente anuncio de la futura creación de una Secretaría de Cultura, llegando, por fin, a una medida innovadora -en lo referente a que “cultura” no esté supeditada en estructura y presupuesto a educación, pero dejando una incógnita bien grande sobre su rumbo cierto.

Ambos debates, en principio, se refieren a cuestiones de administración, lo que respectivamente, tienen ideas específicas de cómo considerar (o no) la cuestión cultural. En el primer caso, cómo vendrán “prioritariamente etiquetados” los recursos internacionales y nacionales en los próximos quince años: 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas. Ninguno refiere explícitamente al sector cultura, aunque hay menciones a diversidad cultural, por ejemplo. Nunca se menciona las artes. En el segundo caso, el doméstico, la pugna parece estar, ante el anuncio de un Presupuesto Base Cero, y un régimen de recortes económicos del gigantesco aparato administrativo de la cultura, en cómo queda la nueva estructura, los fondos de que dispondrá, y creo, quizás, las prioridades en agendas y beneficiados de la casi en extinción CONACULTA.

Para ser optimista, creo que se está dando la posibilidad de pensar las políticas culturales más allá de la visión tradicional, de aprender a administrar el sector con “responsabilidad cultural”. El término de responsabilidad cultural fue incorporado en la Política Pública de El Salvador 2014-2014, para describir la gestión cultural de los recursos técnicos, humanos y financieros de los que dispone nuestra nuestra sociedad con metas de desarrollo humano sostenible. Reconocemos que hablar de responsabilidad cultural exige comprender que éste es un tema más amplio que de gestión, y se vuelve un asunto también de gobernanza. Muchas personas al referirse a las políticas culturales, ponen más énfasis en qué es y qué no es cultura -y toda la gama de calificaciones que esconden jerarquías: bellas artes, culturas populares, cultura de masas, que en la parte de política que tiene la política cultural. Es importante que las políticas culturales innoven de una vez, para atender no sólo los enormes desafíos del sector que se le vienen acumulando, sino también, la cuestión de qué rol juega en otras prioridades sociales del desarrollo. Retomaremos algunos aspectos de dicho documento, para comprender que una transformación de las políticas culturales y su alcance va más allá de “re-etiquetados” y “rebautizos”.

La complejidad de la gestión cultural y sus implicaciones en los temas de derechos y desarrollo sostenible, exige de los gobiernos, los artistas y las artistas, los creadores y las creadoras, las instituciones, las empresas y otras instituciones, una acción coordinada corresponsable. No obstante, el Estado tiene responsabilidades específicas, en el marco de su función en la sociedad. La gestión de conocimientos es, por tanto, imprescindible para administrar este nuevo escenario de referentes comunes que constituyen los ODS.

En términos macropolíticos, identifico tres grandes áreas que debe atender una política pública de cultura “nacional” como parte de lo que identifico como su responsabilidad cultural: la soberanía cultural, la seguridad cultural y la sostenibilidad cultural.

Soberanía cultural

La soberanía cultural se concibe en términos generales como la autoridad suprema del poder público, y la política pública de cultura debe concebir la dimensión cultural de la soberanía como aquella que remite a las responsabilidades del Estado en la protección y promoción de la diversidad cultural del país como respuesta a los derechos culturales.

La complejidad de cualquier nación contemporánea, inserta en la globalización y atravesada por procesos internacionales, exige colocar la soberanía cultural como un campo de responsabilidad del Estado, en el entendido de gestionar cultura desde un concepto ampliado de soberanía que implicaría repensar procesos como la migración entre otros, los impactos para las expresiones culturales locales de las industrias culturales y creativas transnacionales, las condiciones en que se participa de los procesos globales, etcétera. Esta perspectiva aporta un concepto ampliado de soberanía relacionada con la diversidad cultural y no sólo una identidad de país.

Las recomendaciones de la Declaración de Hangzhou de la UNESCO (2013), un documento fundamental para la construcción de las políticas culturales con enfoque de desarrollo recomienda, permiten identificar el alcance de esta responsabilidad cultural. UNESCO sugiere integrar la cultura en todas las políticas y programas de desarrollo. Se prevé que la política cultural incluya “la dimensión cultural en las definiciones del desarrollo sostenible y del bienestar, así como en la concepción, la medición y la práctica concreta de las Políticas y los programas de desarrollo” (UNESCO, 2013: 3). También se plantean valorar, salvaguardar y transmitir la cultura a las generaciones futuras. Partiendo de la necesidad de garantizar la protección y promoción de la diversidad cultural, el Estado debería garantizar el ejercicio soberano de su cuidado, al promover medidas que apunten a revertir los efectos sobre las expresiones culturales del país de los “resultados de los efectos combinados de la urbanización, las presiones del desarrollo, la globalización, los conflictos y fenómenos asociados al cambio climático” (UNESCO, 2013: 5).

Seguridad cultural

Una política cultural innovadora debe incorporar dentro de las responsabilidades culturales del Estado y la sociedad, la cuestión de la seguridad. No sólo porque sea un tema social prioritario, sino en el entendido de que la seguridad es una parte sustantiva del desarrollo de los derechos culturales. No es nuevo el vínculo entre cultura y seguridad, pero éste se ha concebido sobre todo a partir de los impactos de las expresiones culturales en los entornos de inseguridad. Una política cultural innovadora aborda la seguridad cultural en dos dimensiones: por una parte, los roles de la gestión cultural en la garantía de la seguridad (en toda sus variantes: social, política, humana, económica, ciudadana, etcétera), y por otro, la dimensión de seguridad que implican los derechos culturales como especificidad de los derechos humanos.

Específicamente bajo perspectiva de seguridad cultural, y retomando las recomendaciones de la Declaración de Hangzhou, podrían incluirse acciones dirigidas a: garantizar derechos culturales para todos a fin de promover el desarrollo social incluyente, específicamente “garantizar los derechos culturales, el acceso a los bienes y servicios culturales, la libre participación en la vida cultural y la libertad de expresión artística” (UNESCO, 2013: 4). Ello significa que su sistema de gestión se debería basar en un enfoque basado en los derechos humanos y de manera más específica en derechos culturales y el respeto a la diversidad cultural, a través de un enfoque incluyente que toma en cuenta, de manera prioritaria a los jóvenes, el equilibrio entre los sexos, los pueblos indígenas y otras minorías. Dentro de este aspecto es fundamental tambien movilizar la cultura y el entendimiento mutuo para propiciar la paz y la reconciliación.

A través de una política cultural que atienda la seguridad cultural se refuerzan las capacidades y oportunidades para atender, de forma más responsable cuestiones relacionadas con la vulnerabilidad humana, sobre todo, aquella que alrededor del diálogo como forma de resolución de conflictos históricos que involucran expresiones culturales. En particular, el Estado se responsabiliza con la construcción de “sociedades más incluyentes, estables y resilientes”, como meta para gestionar los conflictos aún latentes, considerando con la UNESCO que en las zonas que han experimentado conflictos violentos se deberían promover la rehabilitación del patrimonio cultural y las actividades culturales para permitir que las comunidades afectadas renueven su identidad, recuperen el sentido de la dignidad y la normalidad, disfruten del lenguaje universal del arte y comiencen a curar las cicatrices de las guerras. También se debería integrar la consideración de los contextos culturales en las iniciativas de resolución de conflictos y los procesos de construcción de la paz” (UNESCO, 2013: 3). Otro aspecto fundamental es fortalecer la resiliencia a los desastres y combatir el cambio climático mediante la cultura.

Sostenibilidad cultural

La preocupación por el desarrollo sostenible implica a la gestión cultural, no solamente por lo que podríamos llamar las expresiones culturales del manejo de los recursos naturales, sino también los procesos que visibilizan al campo cultural como productor de sentidos, actividades, bienes y servicios culturales que implican recursos. La sostenibilidad debe ser planteada en varias dimensiones, entre ellas: la política (los discursos, procedimientos y prácticas que caracterizan el sector cultura); la social (los sujetos sociales involucrados); la de recursos (los requerimientos financieros, humanos o técnicos); así como la dimensión institucional (las estructuras que gestionan las expresiones culturales). La Declaración de Hangzhou (UNESCO, 2013), recomienda valerse de la cultura para reducir la pobreza e impulsar el desarrollo económico incluyente. Se reconoce y aprovecha teniendo en cuenta que “la cultura, como capital de conocimientos y como recurso, provee a las necesidades de los individuos y comunidades y reduce la pobreza” (UNESCO 2013: 4). También, basarse en la cultura para promover la sostenibilidad ambiental: así como Valerse de la cultura como recurso para lograr el desarrollo y la gestión sostenibles de las zonas urbanas. Sobre este enfoque ampliado de la sostenibilidad -no sólo limitada a los recursos financieros como muchas veces se cree, la Declaración de Hangzhou llama a aprovechar la cultura para favorecer modelos de cooperación innovadores y sostenibles.

Es una realidad el potencial inexplorado de la cooperación entre actores institucionales y sujetos sociales, para construir una plataforma sostenible de cooperación, que reconozca las buenas prácticas existentes y repiense aquéllas no exitosas, para construir modelos alternativos y sostenibles en la gestión de resultados de política cultural. Lo imprescindible que hay que considerar es que sin información, sin investigación comparada, y sobre todo sin participación de la mayor parte de las personas involucradas, será difícil gobernar los asuntos culturales como un motor y facilitador de cambios “transformatorios” para el bien común y la felicidad de las personas.

Las políticas culturales en los tiempos del desarrollo sostenible: algunas preguntas a la Agenda 2030.

Tendencias

Una vez más “problematizando el problema”, para encontrar caminos de soluciones. Hoy compartimos este artículo que plantea algunas cuestiones clave para comprender la invisibilidad del sector cultura en la Agenda 2030, y al mismo tiempo, la presencia de la dimensión cultural del desarrollo en cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenibles, contenidos en el proceso de consenso más grande logrado hasta ahora de cómo avanzar hacia el logro de la prosperidad, la mejora de la vida de las personas y la sostenibilidad del planeta. Sólo dando click en el siguiente enlace: Rodríguez-Preguntas a la Agenda 2030